Una serie legendaria I Agustí Guerrero

The Crown vuelve a la tele con más fuerza que nunca


Puede que la ficción no sea el camino más acurado para aprender historia, pero sin duda, en ocasiones proporciona una inesperada aproximación hacia acontecimientos que sin este generado estímulo cinematográfico hubiéramos dejado pasar; especialmente las nuevas generaciones.


El trabajo de Peter Morgan en The Crown es un ejemplo de ello. La monarquía inglesa, de la cual parece estar todo escrito, transmutada en una institución ya anodina para muchos, alcanza unos niveles épicos que no habíamos contemplado quizás desde las grandes obras de Shakespeare.


Algunos se centran en sus inexactitudes históricas para reducirla a una mera evolución de las fake news de la era Trump. Sin embargo, incurren en el error de un discurso paternalista que desconsidera la inteligencia de los espectadores. Porque lo inspirador del relato de Morgan no es la resolución de incógnitas, sino su mágica generación de dudas. ¿Y si lo miramos como una oportunidad para redescubrir la historia contemporánea por nosotros mismos?


Esta cuarta temporada de la superproducción de Netflix no se desliga de lo que nos tiene acostumbrados: la estructura de un guion impecable, partitura legendaria, personajes presentados en una extraordinaria escala de grises, humor inteligente con tintes de crítica mordaz, y todo ello con un telón de fondo confeccionado con sucesos históricos que recordamos haber visto en las noticias.


Adquiere momentos de especial brillantez, como la escena del primer encuentro entre el joven Charles y una misteriosa Diana Spencer. ¿Qué pensáis que ha querido transmitir el autor en esta escena claramente inusual que viste a la futura princesa de personaje de El sueño de una noche de verano? ¿Qué hay detrás de aquella chica disfrazada de árbol que mira sigilosamente por la ventana?


Como repetimos cada semana, el debate y vuestras relecturas son lo que nos enriquece. Yo solo puedo añadir: no os la perdáis.

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