La mejor “no” banda sonora de la historia del cine I Villa Romero


Alex North recibió con regocijo el encargo. Él era ya un veterano colaborador de Stanley Kubrick y juntos habían brillado en Espartaco, su gran obra maestra hasta la fecha. Pero esta vez era diferente. Todos los que participaban en la cinta, desde los productores hasta el último figurante, sabían que se estaba cociendo algo especial y los ejecutivos de la Metro, sedientos de éxito, impusieron a Alex North como compositor ante los celos de Kubrick. Unos creaban entretenimiento, el director hablaba de cultura.


El compositor tan solo contó con dos semanas para componer, arreglar y grabar la música que acompañaría las imágenes que le habían proporcionado. Un imposible que casi le cuesta la vida, ya que sin apenas dormir durante catorce días terminó el proyecto postrado en una camilla sin poder moverse. Pero había merecido la pena. El 2 de abril de 1968 Alex North se acercaba al estreno de 2001 Una Odisea en el espacio sabiendo que su trabajo sería parte de la historia… Y lo es, pero no como esperaba.

Fueron pasando los minutos de proyección y donde debería estar su música sonaban piezas de Richard Strauss, Johann Strauss hijo o Ligeti; todo un ataque a su honor difícil de atajar. Nadie se había comunicado con él para indicar que su trabajo no maridaba con el lenguaje de la cinta e incluso había sido invitado al estreno, personalmente por el director, como parte activa de la película. Pero lo más duro era reconocer que la obra era perfecta sin su trabajo. No debía admitir un engaño, sino una derrota. ¿Podría haber mejor música para esa película?

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