Aquel profesor que nunca olvidaste I Agusti Guerrero


Algunos tenemos la suerte de retener en nuestra memoria un profesor (más de uno, los más afortunados) que marcó nuestra infancia. Quizás carismático e interesante, noble y comprometido con su razón de ser: despertar inquietudes, cuestionarnos lo que nos rodea. Pero, por encima de todo, esta persona ha sido ha sido crucial porque te hizo descubrir qué cosas querías seguir aprendiendo a lo largo de tu vida. ¿Existe algo mejor?


¿Cuáles son las causas de este fenómeno? Estaremos de acuerdo en que en esta ecuación juegan un papel importantísimo sus dotes comunicativas; la comunicación es esencial. ¿Pero es algo que traía este héroe o heroína innato, lo aprendió o es una fusión de ambas cosas? ¿Creéis que una persona en principio no dotada con talento para la comunicación puede aprenderlo y llegar al nivel de dejar huella en nuestras vidas?


¿Quién no recuerda a Don Gregorio, aquel profesor apasionado con la naturaleza y los libros de La lengua de las mariposas (Jose Luis Cuerda, 1999)? Pocas películas reflejan tan delicadamente el asunto que nos ocupa. Pero no demos detalles, puede que todavía no la hayáis visto.


La comunicación es indispensable en esta figura del maestro tremendamente apasionado, como lo es en la estructura del film y los relatos de Manuel Rivas en los que está basado. La película, ambientada en 1936, muestra sobriamente y con delicadeza la niñez de Moncho, un niño aterrado en su primer día de colegio que conoce a un profesor que le cambia la vida. Pero en medio de esta tranquilidad de una familia humilde pero feliz, lo interesante es cómo sus escenas de extremada cotidianidad desprenden destellos de una amenaza que va acrecentándose a medida que avanza el relato. Hasta que desembocan en un final tan durísimo como conmovedor.


Esperamos con ansia vuestras aportaciones.

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